jueves, 1 de agosto de 2013

Capítulo 6


Terminó el último trozo de magdalena de plátano que Paula le había dado a probar y se chupó los dedos.

–Delicioso –admitió–. ¿Por qué nunca preparabas cosas así cuando estábamos casados?


–Porque a tu madre no le habría gustado verme en la cocina –dijo ella en tono tenso–. Tal vez la casa pertenezca a la familia Alfonso, pero tu madre la dirige como si fuera una dictadura.

Pedro pensó que tenía razón. Ana Alfonso era una mujer estricta, que había crecido entre lujos y estaba acostumbrada a tener servicio. Era cierto que no le hubiese gustado que su nuera hiciera algo tan mundano como cocinar, por mucho talento que tuviese.

–Deberías de haberlo hecho igual –le dijo Pedro.

Por un minuto, Paula guardó silencio y apretó los labios.

–Tal vez.

Se dio la media vuelta y se alejó del mostrador. 
Empujó unas puertas dobles amarillas y entró a la cocina, donde hacía más calor y olía todavía mejor.

Le explicó a Pedro para qué servía cada cosa y cómo se dividían el trabajo entre su tía y ella. Se puso un guante de cocina en una mano y empezó a sacar galletas y pasteles y a dejarlos encima de una isla que había en el centro de la habitación.

–Muchas son recetas de mi tía Helena –le confesó–. Siempre le encantó la cocina, pero nunca había pensado dedicarse a ello. Yo no podía creer que no utilizara su talento para ganarse la vida, porque todo lo que hace es sumamente delicioso. A mí también me va bien con la cocina, heredé algo de talento –añadió, sonriendo de medio lado–. Así que, después de pensarlo, decidimos intentarlo juntas.

Pedro apoyó las manos en la isla y observó cómo Paula trabajaba, con movimientos graciosos y suaves, pero rápidos al mismo tiempo, como si hubiera hecho aquello cientos de veces antes, y pudiese repetirlo incluso con los ojos cerrados.
Él no quería cerrarlos, estaba disfrutando mucho, y volvía a estar sorprendido de lo mucho que la había extrañado.

El divorcio había sido muy rápido. Paula le había anunciado de repente que no podía seguir viviendo así y que quería divorciarse. Y, en un par de meses, todo había terminado.

Pedro pensó que tenía que haber luchado más por su matrimonio. Al menos, tenía que haberle preguntado a Paula por qué quería dejarlo, qué era lo que necesitaba que él no le estaba dando.

Pero en aquel entonces había estado muy ocupado con la empresa y con las exigencias de su familia, y había dejado que su orgullo decidiera que no quería estar casado con una mujer que no deseaba estar casada con él. Además, una parte de él había pensado que Paula estaba exagerando, que lo estaba amenazando con el divorcio porque no le prestaba la atención necesaria.
Pero cuando él había querido darse cuenta, ya había sido demasiado tarde.

–Blake me enseñó alguno de los libros –le dijo–. Parece que les va bastante bien.
Ella asintió, sin molestarse en mirarlo.

–Nos va bien, pero podría ir mejor. Tenemos muchos gastos y algunos meses sólo nos da para pagar el alquiler del local, pero estamos aguantando.

–Entonces, ¿por qué buscas un inversor?
Ella terminó lo que estaba haciendo y dejó la espátula y el guante de cocina y lo miró.

–Porque tengo una idea para ampliar –le dijo muy despacio, escogiendo sus palabras con cuidado–. Es una buena idea. Y creo que nos irá bien, pero tendremos que hacer obras y vamos a necesitar más dinero del que disponemos.

–¿Y cuál es la idea?

Ella se humedeció los labios con la lengua.

–Pedidos por correo. Con envíos una vez al mes para los socios y un catálogo con nuestros productos.

A Pedro le pareció buena idea, teniendo en cuenta la calidad de los productos, hasta a él le gustaría tener una de sus cajas de galletas en casa una vez al mes.
Pero no se lo dijo a Paula. No iba a decírselo hasta que no estuviera seguro si iba a invertir o no.

–Enséñame dónde harías las obras –le pidió–. Supongo que tienes algún almacén, ¿o están pensando en alquilar algún local cerca?
Ella asintió.

–El local de al lado.

Paula revisó lo que quedaba en el horno y salió y salió de la cocina, con Pedro a sus espaldas. Pasaron por una estrecha escalera y apartada de la parte delantera de la tienda.

–¿A dónde lleva? –le preguntó él.
Y le pareció que Paula abría mucho los ojos y se quedaba pálida.

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Chan!
La única cosa que odio de esto, es que la madre de Pedro sea la mala de todo, les juro que no me gusta, pero bueno... así es la novela, que igual es hermosa.
Comenten! Leo todo y me encanta que les guste 
Besos!

5 comentarios:

  1. Me encantó este cap!!! Subí más seguido x favor!!!!!!!

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  2. Me encanta la novela!! Muy buena historia!! Me intriga ¿qué va a pasar cuando Pedro se entere de su hijo? y ¿Por qué Pau se quiso divorcciar?

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  3. muy lindo me encanto!! avisame cuando subas soy @locaaporpyp

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