–No.
Paula se dio la media vuelta y se alejó, dejando a Pedro allí solo.
Era evidente que éste no había esperado verla saltar de alegría con la idea de acompañarlo a visitar a su familia, pero había pensado que, al menos, sería razonable al respecto.
Suspiró resignado y la siguió hasta la panadería. No la vio, debía de haberse metido en la cocina, lo que significaba que se había ido casi corriendo.
Levantó la mano para empujar la puerta, pero ésta se movió bruscamente hacia él, dándole casi en la cara. Helena abrió mucho los ojos, sorprendida al verlo, pero no dijo nada, se limitó a levantar la barbilla y a dirigirse hacia el mostrador.
Pedro entró en la cocina y encontró a Paula donde había imaginado que estaría, delante de una de las islas centrales, trabajando. Era evidente que estaba nerviosa porque sus movimientos eran bruscos y tenía la espalda muy recta.
–Paula –empezó, dejando que la puerta se cerrara detrás de él.
–No –espetó ella–. No, Pedro, no –repitió fervientemente–. No voy a volver a Pittsburgh contigo. No voy a entrar en ese museo que tú llamas casa ni voy a volver a ver a tu madre, que me mirará por encima del hombro, como ha hecho siempre. ¿Acaso crees que será menos crítica cuando se entere de que tuve un hijo fuera del matrimonio? El hecho de que Benjamín sea tuyo será irrelevante. Me criticará por no habértelo contado. Me acusará de haberme divorciado a pesar de saber que iba a tener un hijo tuyo, de haberte privado a ti de estar con tu hijo y, a ella, de estar con su nieto. O de haber ocultado al mundo la existencia de otro increíble y maravilloso descendiente de la familia Alfonso. O eso, o dirá que Benja no es un Alfonso en realidad –añadió–, ya que siempre me acusó de ser una cualquiera. O dirá que no puede ser su heredero porque no estábamos casados cuando nació.
Negó con la cabeza.
–No voy a ir, Pedro. No pienso pasar por todo eso otra vez y no voy a permitir que mi hijo lo haga.
Pedro apretó la mandíbula.
–También es mi hijo, Pedro –espetó.
–Sí –admitió ella–, y por eso tú también deberías protegerlo. De todo, y de todos. Benja es inocente. Y no dejaré que nadie le haga pensar que no es perfecto o que no es maravilloso. Jamás. Ni siquiera su abuela.
Pedro puso los brazos en jarras e inclinó la cabeza.
–No tenía ni idea de que la odiaras tanto –murmuró.
–Fue una persona horrible conmigo –le dijo Paula–. Me hizo la vida imposible mientras estuvimos casados.
Pedro estuvo un minuto en silencio, intentando asimilar aquellas palabras.
¿De verdad había sido su madre tan mala con ella, o estaba exagerando? Sabía que algunas mujeres no se llevaban bien con las familias de sus esposos y que la relación entre suegra y nuera era, con frecuencia, mala.
Era cierto que su madre no era la persona más cariñosa del mundo, ni siquiera lo había sido con sus propios hijos, pero ¿de verdad había sido tan cruel con Paula cuando él no había estado presente?
–Siento que pienses así –le dijo con prudencia–, pero tengo que volver. No por mucho tiempo, sólo unos días, tal vez una semana. Y me gustaría llevarme a Benja–. Al oír aquello, Paula abrió la boca y Pedro supo que iban a seguir discutiendo–. No puedes impedir que me lo lleve –se le adelantó–. Es mi hijo y me ocultaste, a mí y a mi familia, durante mucho tiempo. Creo que merezco llevármelo a casa unos días.
Inclinó la cabeza y la miró fijamente a los ojos.
–Y ambos sabemos que no necesito tu permiso –añadió.
–¿Me estás amenazando con quitármelo? –le preguntó ella en voz baja.
–¿Hace falta que lo haga? –respondió él en el mismo tono.
Ella mantuvo la boca cerrada, le brillaban los ojos de la emoción.
–Serán sólo unos días –volvió a asegurarle, sintiendo la necesidad de calmar su miedo y de borrar las lágrimas de sus ojos–. Una semana como mucho. Y tú puedes acompañarnos, para supervisarnos a los dos. ¿Por qué crees que te invité?
Paula se humedeció los labios y tragó saliva.
–Me vas a obligar a hacerlo, ¿no? –preguntó con voz temblorosa.
–Voy a hacerlo, con o sin ti. El papel que quieras desempeñar en esta situación y lo cerca que quieras estar de Benja es decisión tuya.
Ella lo miró como queriéndole decir que, en realidad, no tenía elección, pero Pedro tenía claro que no iba a irse de allí sin su hijo. Además, no quería separarse de Benjamín ni siquiera unos días. Tal vez fueran pocos, pero se había acostumbrado a estar cerca de su hijo todos los días.
Y suponía que le ocurría lo mismo con respecto a alejarse de Paula, pero nunca había puesto en duda la atracción que sentía por ella.
ESTUVO GENIAL LA MARATON,PERO ME DEJASTE CON LA INTRIGA DE LO QUE VA A PASAR CON PAU Y SU EX SUEGRA
ResponderEliminarayyy que bueno que subiste! extrañaba leer esta historia :)
ResponderEliminarojala empiecen a blanquear lo que sienten eluno x el otro
#love
Gracias!
Buenísima la maratón!!!! Espero más caps pronto x favor!!!!!!!!!!!!!!!
ResponderEliminarMUY buenos capítulos!!! Extrañaba leerla! Esperemos que la ex suegra lo quiera a su nieto y la mamá!! Cosa un poquito imposible!! Ojalá que pronto puedas subir más capítulos!!Gracias
ResponderEliminarbuenísima la marraton hoy subis?
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