sábado, 10 de agosto de 2013

Capítulo 17

–No hay nada escrito en piedra –murmuró él, dejando a un lado el cuaderno y volviendo a girar la computadora hacia él–. Y no va a ser barato, créeme, pero la ampliación es una buena idea. Creo que es inteligente y que generará rendimientos a largo plazo. En especial, si te va bien con los pedidos.

A ella le volvió a dar un vuelco el corazón, se le humedecieron las palmas de las manos de sudor, se le hizo un nudo en la garganta. Era tan agradable ver que alguien compartía su entusiasmo y apoyara sus ideas.
Pero, en aquel caso, había demasiadas condiciones.

–Eso no responde a mi pregunta –insistió en voz baja. Y luego volvió a hacerle la pregunta a Pedro, aunque una parte de ella tuviese miedo de su respuesta–. ¿Por qué hiciste todo esto?
Él cerró la computadora y la dejó en la mesita de noche junto con el cuaderno.

–Necesitas un socio para hacerlo, Paula. Lo sabes, si no, no habrías ido a Blake and Fetzer.
A ella se le aflojó el pulso y sintió como si la temperatura bajara diez grados de repente.

–Ya te dije, Pedro, que no quiero tu dinero.
Él tiró los hombros hacia atrás y puso la espalda recta, apretó la mandíbula, indicación de que iba a ponerse terco como el solo e iba a querer imponer su ley.

–Y yo ya te dije, Paula, que no voy a irme a ninguna parte. Al menos, por un tiempo. Y, mientras esté aquí, será mejor que aprovechemos nuestro tiempo con sensatez. ¿Por qué no empezar con la ampliación, para que estés un paso más cerca de tu objetivo?
De repente, Pedro volvía a parecer relajado y sensato. Paula siempre había odiado aquello, porque solía darle la razón. Porque, normalmente, Pedro tenía razón, al menos, en lo relativo a los negocios. Y él lo sabía.

–No quiero tu ayuda, Pedro.
Paula se levantó, se abrazó por la cintura y empezó a caminar. Al llegar a la puerta se dio la media vuelta y volvió, con la mirada fija en la desgastada alfombra que había a sus pies.

–No quiero estar atada a ti, no quiero deberte nada.

–Ya es un poco tarde para eso, ¿no crees? – dijo e hizo que Paula se detuviera y levante la cabeza para mirarlo a los ojos. Pedro tenía una ceja arqueada y sonreía de medio lado–. Tenemos un hijo juntos. Y eso nos ata mucho más que cualquier acuerdo empresarial.
Ella parpadeó. Se maldijo. Pedro volvía a tener razón.

Para bien o para mal, estaban atados hasta el final de los días por su hijo. Tendrían que verse en los cumpleaños, en las fiestas del colegio, en las actividades extraescolares, cuando estuviera enfermo, durante la pubertad, cuando tuviese novia, cuando se hiciera el primer piercing o el primer tatuaje…
Se estremeció y deseó que no se hiciera piercings ni tatuajes. Ése sería un tema en el que no le importaría que Pedro se hiciera cargo.

Pero teniendo en cuenta lo horrible y dolorosa que había sido su separación, al menos para ella, era normal que no tuviera ganas de compartir nada más con él. E incluso que hubiera intentado ocultarle la existencia de Benjamín, para empezar. Tal vez no hubiera sido lo correcto, pero su vida había sido mucho menos complicada así.

–Eso es diferente –admitió en voz baja.
Él inclinó la cabeza, aunque Paula no supo si lo hacía porque estaba de acuerdo con ella o no.

–Te sientas como te sientas al respecto –le dijo Pedro–, eso no cambia las cosas. Voy a quedarme en Summerville a conocer a mi hijo y a recuperar el tiempo perdido, varias semanas, por lo menos. Y creo que deberías aprovecharte de la situación, y de que esté dispuesto a invertir en tu panadería.

Se levantó de la cama y fue hasta donde estaba ella, le puso las manos en los hombros desnudos.

–Piénsalo, Pau –murmuró, clavando sus ojos en los de ella–. Usa la cabeza en vez de aferrarte a tu orgullo. La mujer de negocios inteligente que hay en ti sabe que tengo razón, sabe que sería una locura desperdiciar esta oportunidad. Aunque te la esté dando tu despreciable exmarido.
Dijo lo último con una rápida y sensual sonrisa y haciéndole un guiño.
Y fue aquel guiño, y el hecho de que supiera lo poco que le gustaba tenerlo allí, lo que hizo que Paula decidiera parar a pensar, tal y como él le había sugerido.

Pensó en su oferta. Barajó sus opciones. Sopesó su deseo de ampliar la panadería frente al deseo de que Benja fuera sólo suyo y de mantenerlo alejado de Pedro, lo mismo que el control de su negocio.

Pensó que era posible que Pedro se estuviera portando de manera amable, considerada y generosa para engañarla. Y que, en cuanto ella aceptara su dinero y le permitiera formar parte de su panadería y de la vida de Benjamín, él podría quitárselo todo.
Su negocio, su seguridad, a su hijo.

¿De verdad creía eso? A pesar de lo duro que había sido el divorcio, Pedro jamás había sido cruel a propósito.



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Espero que les haya gustado la maratón :)
Comenten! 
Gracias.

5 comentarios:

  1. No me gustó la maratón. ME ENCANTÓ!!!!!!!!!!!! Gracias x subir tantos caps!!!!!!!!!!!!!

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  2. Me encantó!! Pero que Pedro no la haga sufrir a Pau!!

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  3. me encanto la maraton, muchas , pero muchas gracias por escribir los capitulos , que pau seda con pedro, me encanta la novela

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  4. quiero saber como sigue!!

    Gracias por la maraton.
    cuando subis?

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  5. meeee encantoo la maraton,geniaaaa,espero q pepe no la lastimee..
    soy @mika_weg..besoss

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