Ella había trabajado atendiendo mesas en una cafetería cerca de la universidad mientras estudiaba. A él le había pagado la carrera su padre y se había pasado todo el tiempo libre jugando rugby y yendo a fiestas.
Una noche, Pedro había entrado a la cafetería con un grupo de amigos. Paula se había fijado en él, y en todos, pero no le había dado más vueltas al tema. Era un grupo más de clientes, de los que entraban y salían de la cafetería sin ninguna preocupación, mientras ella dejaba hasta la última gota de sudor trabajando para poder seguir estudiando.
Pero Pedro había vuelto. Unas veces con amigos, otras, solo. Le había sonreído. Le había dejado generosas propinas y había conversado con ella de cosas sin importancia. Y Paula no se había dado cuenta, hasta bastante tiempo después, que le había ido contando su vida por capítulos en cuestión de un par de semanas.
Al fin, le había pedido que saliera con él y ella ya había estado demasiado enamorada como para decirle que no.
En esos momentos tenía las mismas sensaciones que entonces: sorpresa, confusión, emoción… Pedro era como una catástrofe natural: un tornado, un terremoto, un tsunami que ponía toda su vida patas arriba.
En una hora, había hablado con todo el mundo con quien tenía que hablar y había dejado claro que estaría en Summerville hasta nuevo aviso. Hasta donde Paula sabía, no le había contado a nadie el motivo. Lo había oído hablar con su hermano y decirle que el negocio en el que había pensado invertir le había parecido prometedor y que tenía que quedarse para estudiar mejor el negocio.
Tal vez fuese lo más inteligente. Sin duda, si Ana Alfonso se enteraba de que su querido hijo tenía un bebé con su malvada exmujer, se volvería loca y se pondría inmediatamente a complotar para conseguir que Pedro y Benjamín estuviesen con ella.
–Ya está.
Pedro empujó la puerta de la cocina, donde Helena y ella estaban trabajando, se guardó el celular en el bolsillo y luego se quitó el saco.
–Así tendré un par de semanas de libertad antes de que manden a un equipo de rescate a buscarme.
Tía Helena estaba embadurnada de harina hasta los codos, pero el brillo de sus ojos y la fuerza con la que trabajaba la masa que tenía entre las manos bastaron para dejar claro lo que pensaba de que Pedro fuera a quedarse allí.
No le hacía ninguna gracia, pero tal y como Paula le había dicho mientras Pedro hacía las llamadas, no tenían elección. O Pedro se quedaba allí unos días, o intentaría llevárselos a Benjamín y a ella de vuelta con él.
Había una tercera posibilidad: que Pedro se fuera solo, pero sabía que si se lo planteaba sólo conseguiría iniciar una discusión. Si se negaba a que Pedro pasara tiempo con su hijo, fuera donde fuera, lo único que conseguiría sería enojarlo y provocar que utilizara su poder y el dinero de su familia.
¿Y qué significaba eso? Una dura batalla por la custodia de su hijo.
Ella era una buena madre y sabía que Pedro no podría quitarle a su hijo diciendo lo contrario, pero tampoco quería engañarse, sabía lo influyente que era la familia Alfonso. Y Ana era capaz de cualquier cosa.
Así que tenía que intentar evitar un enfrentamiento por la custodia y hacer lo posible para que Pedro estuviera contento y Benjamín, con ella. Aunque eso significara permitir que su ex volviera a entrar en su vida, en su negocio y, posiblemente, hasta en su casa.
Se limpió las manos con un paño.
–¿Y tus cosas? ¿No necesitas ir a casa a por ellas? –le preguntó.Pedro se encogió de hombros.
–Así tendré un par de semanas de libertad antes de que manden a un equipo de rescate a buscarme.
Tía Helena estaba embadurnada de harina hasta los codos, pero el brillo de sus ojos y la fuerza con la que trabajaba la masa que tenía entre las manos bastaron para dejar claro lo que pensaba de que Pedro fuera a quedarse allí.
No le hacía ninguna gracia, pero tal y como Paula le había dicho mientras Pedro hacía las llamadas, no tenían elección. O Pedro se quedaba allí unos días, o intentaría llevárselos a Benjamín y a ella de vuelta con él.
Había una tercera posibilidad: que Pedro se fuera solo, pero sabía que si se lo planteaba sólo conseguiría iniciar una discusión. Si se negaba a que Pedro pasara tiempo con su hijo, fuera donde fuera, lo único que conseguiría sería enojarlo y provocar que utilizara su poder y el dinero de su familia.
¿Y qué significaba eso? Una dura batalla por la custodia de su hijo.
Ella era una buena madre y sabía que Pedro no podría quitarle a su hijo diciendo lo contrario, pero tampoco quería engañarse, sabía lo influyente que era la familia Alfonso. Y Ana era capaz de cualquier cosa.
Así que tenía que intentar evitar un enfrentamiento por la custodia y hacer lo posible para que Pedro estuviera contento y Benjamín, con ella. Aunque eso significara permitir que su ex volviera a entrar en su vida, en su negocio y, posiblemente, hasta en su casa.
Se limpió las manos con un paño.
–¿Y tus cosas? ¿No necesitas ir a casa a por ellas? –le preguntó.Pedro se encogió de hombros.
–Me van a mandar algo de ropa. Y seguro que todo lo demás puedo comprarlo por aquí.Colgó su saco en un perchero al lado de la puerta, donde la tía Helena y ella dejaban los delantales cuando no los estaban usando, luego fue hasta el moisés que había vuelto a sacar del depósito. Benjamín dormía dentro.
–Lo único que queda por decidir –comentó Pedro, mirando a su hijo y alargando la mano para acariciarle la mejilla con un dedo–, es dónde voy a quedarme.
Pedro abrió la boca, a pesar de no saber lo que iba a decir, pero Helena la interrumpió.
–Es evidente que no vas a quedarte en mi casa –anunció directamente.
La clara antipatía de su tía hacia Pedro hizo que Paula se sintiera culpable y que quisiera disculparse, pero en el fondo agradeció que Helena hubiera dicho lo que ella no era capaz de expresar.
–Gracias por la invitación –respondió Pedro divertido, haciendo una mueca–, pero no podría abusar de su amabilidad.
Era típico de él, tomarse aquella grosería de Helena con tanta calma. Aquéllas eran cosas que nunca le habían afectado, sobre todo, porque Pedro sabía quién era, de dónde venía y qué podía hacer.
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Perdón por subir poco, en estos días estoy a mil y no tengo tiempo de nada. Apenas pueda voy a hacer maratón. GRACIAS!
Genial este cap!!!!!!!!!
ResponderEliminarme encanto!! uno mns por faaaaaaaaaaa
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