miércoles, 18 de septiembre de 2013

Epílogo

Dos años después…

Pedro recorrió la calle principal silbando y saludando a los amigos con los que se iba cruzando. Silbando. Jamás había silbado en el pasado, pero últimamente se había sorprendido haciéndolo en varias ocasiones.

Lo que significaba que vivir fuera de la ciudad no era tan aburrido y limitador como él había imaginado. Aunque tampoco pensara que su felicidad tuviera tanto que ver con el lugar en el que vivía, como con cómo vivía, y con quién.

Aupó a Benjamín en su cadera y siguió silbando. El niño iba vestido con un jean y unas zapatillas con el logo de La Cabaña de Azúcar.

Se le había ocurrido a él, además de vender por internet sus pasteles, también vendían polos, ropa de bebé, café y tazas, e incluso llaveros. Ya que pensaba que era la mejor publicidad que podía tener Paula, además del boca a boca.

–Vamos a ver a mamá –le dijo a Benja–. A lo mejor te da una galleta.

–¡Galleta! –exclamó el niño aplaudiendo.
Pedro comenzó a reír.
Llegaron a la puerta de La Cabaña de Azúcar y entraron en el local dedicado a la distribución.

Paula estaba detrás del mostrador, pero solo con verlos sonrió y salió. Tenía el pelo recogido en una cola y un delantal también con el logo de la tienda de un blanco inmaculado.

–¡Galleta! –gritó Benjamín.
Y ella se puso en puntitas de pie para darle un beso al niño y otro al padre.
–Tengo una sorpresa para ti –anunció Pedro mientras ella volvía detrás del mostrador.
La vio quitarse el delantal y buscar una galleta para Benja, volver a salir y dársela.

Sin el delantal se notaba mucho más que estaba embarazada de cuatro meses. Y cada vez que veía su panza, a Pedro se le hacía un nudo en el estómago, de amor y de orgullo, y de alivio, por no haberla dejado marchar.

Se habían comprado una casa grande y muy bonita. Además, se habían vuelto a casar, esa vez por civil y en algo muy íntimo. Sólo los habían acompañado Helena y Benjamín.
Después, habían hablado de tener otro hijo. Uno con el que Pedro pudiera vivir la experiencia desde el principio.

–¿Cuál es la sorpresa? –le preguntó Pedro.
Él se metió la mano en el bolsillo trasero del pantalón y sacó un catálogo que tenía doblado. Lo abrió y se lo entregó para que lo viera.

–¡Ay, Dios mío! –gritó Paula emocionada, quitándoselo para verlo mejor–. No puedo creer que esté terminado.

Era el catálogo de La Cabaña de Azúcar. Pedro también había hecho diseñar una página web y estaba buscando otros locales en alquiler para abrir más Cabañas de Azúcar en la capital.

–Y tengo más buenas noticias –agregó.

–¿Cuáles? –preguntó Paula contenta.

–Federico y yo cerramos el trato esta mañana para abrir La Cabaña de Azúcar en la empresa Alfonso.
Paula no saltó de alegría, como él había esperado.

–¿Qué pasa?

–Nada, es buenísimo, pero me preocupa lo que piense tu mamá cuando se entere. Y si terminamos volviendo, como tenemos planeado…

–Ya lo sabe, se lo ha contado Federico –le dijo él–. Sé que no será nunca la suegra ni la abuela perfecta, pero creo que, después de un tiempo sin tener noticias nuestras le ha quedado claro que te amo. Eres mi esposa y no dejaré que nada ni nadie te haga daño ni se interponga entre nosotros. Ni siquiera mi mamá.
Ella dio un paso al frente y apoyó las manos en su pecho.

–¿Te arrepientes? –le preguntó en un susurro.

–En lo absoluto. Sólo me importan Benja y tú, y este chiquitín que está creciendo en tu panza –le dijo, acariciando la casita de su hijo–. No niego la posibilidad de arreglar las cosas con mi madre, pero no cambiaría mi vida de ahora por nada del mundo. ¿Lo entiendes?
Ella asintió despacio.

–Ahora, voy a limpiar a nuestro pequeño monstruo de las galletas mientras tú le enseñas el catálogo a tu tía. Con un poco de suerte se pondrá de buen humor y se quedará con Benja esta noche.

–¿Por qué? –le preguntó Paula.

–Porque tengo ganas de algo dulce.
Paula inclinó la cabeza y le dedicó una seductora mirada.

–Y, estás en una panadería. Hay dulces por todas partes.

–Lo que yo quiero no está en el catálogo.

–O sea, que quieres hacer un pedido especial.
Él asintió.

–Entonces es tu día de suerte, porque gracias a mi esposo, hacemos pedidos especiales. Aunque tendrás que pagar un precio especial por el envío.
Él hizo una mueca y dijo en voz baja.
–No hay ningún problema. Por si no lo sabías, soy rico.
Ella sonrió y lo abrazó por el cuello.

–Yo también –murmuró.
Y ninguno de los dos hablaba de dinero.




FIN
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Holaaa, como están? Llego el final, esta nove la amé aunque está ese pequeño detalle de que la mala de todo es la madre de Pedro y no pegaba para nada con la realidad del ángel que fue y sigue siendo Ana en la realidad :) Espero que igual les haya gustado la nove y comenten que les pareció :D
De paso les pido mil disculpas por demorar tanto en subir los capítulos este último tiempo, espero que me sepan comprender que el poco tiempo que tenía no me daba para subir la nove.
Y con respecto a subir la próxima nove Rosas Rojas, lo voy a hacer cuando este segura que voy a poder actualizarla diariamente, la verdad que me sentía mal por ustedes subiendo una vez cada mil años :/ 

Bueno, creo que ya saben quién soy jajajaja pero para las que no en twitter soy @Love_Pauliter si quieren también pueden hablarme por ahí :D

GRACIAS por leer y por su paciencia de verdad, son lo más. Pronto nos leemos.

BESOS

4 comentarios:

  1. awghhhh! gracias por terminarla!!!

    ya habia perdido las esperanzas jajaja
    que bueno! me encantó.
    gracias gracias gracias
    y para cuando se pueda, estere esperando la proxima adaptacion!
    besooo

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  2. hermoso final!!! me encanto la novela

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