jueves, 20 de junio de 2013

Capítulo 20

Paula despertó poco a poco. Lo primero que notó fue que reinaba la oscuridad dentro del carruaje. Lo siguiente en lo que reparó fue en que estaba tendida cuan larga era sobre los suaves almohadones de terciopelo. Después se dio cuenta de que Peter yacía a su lado, rodeándola con los brazos. Ella estaba parcialmente encima de él, y tenían las piernas entrelazadas. Intentó apartarse, pero él la abrazó con más fuerza, inmovilizándola donde estaba.
-Peter: ¿Adónde vas? —preguntó él con un susurro ronco que le provocó una serie de escalofríos a Paula.
-Paula: Debo de estar aplastándote.
-Peter: En absoluto. De hecho, estoy muy cómodo.

Tranquilizada por estas palabras se recostó de nuevo, cerró los ojos y aspiró el maravilloso olor de él. Olía a... al paraíso. A sándalo y a límpida luz del sol. Olía a Peter.
Respiró hondo de nuevo y suspiró.
-Paula: ¿Cuándo llegaremos a Londres?
-Peter: Estaremos en casa en menos de una hora. De hecho, aunque me encanta estar aquí acostado, más vale que nos sentemos como es debido y nos recompongamos antes de llegar.
Ella se incorporó y se puso de nuevo su chaqueta corta.
-Paula: ¿En qué parte de Londres está tu casa?
-Peter: Nuestra casa —corrigió— está en Park Lane, la misma calle donde se encuentra la residencia de tu tía. Estamos al lado de Hyde Park, en una zona llamada Mayfair. También estaremos muy cerca de Bond Street, así que podrás ir de compras tan a menudo como quieras.
-Paula: Oh, ir de compras. No puedo esperar.
Su evidente falta de entusiasmo la delató.
-Peter: ¿Ni siquiera te importan las tiendas? —preguntó él, ostensiblemente sorprendido.
-Paula: La verdad es que no. Para mí, ir de tienda en tienda mirando los artículos sin necesidad de comprar nada concreto es una pérdida de tiempo. Sin embargo, si se trata de uno de los deberes de una duquesa, me esforzaré por cumplir con él.
-Peter: Seguro que querrás comprar alguna fruslería o algún artículo personal. Después de todo, en algo tendrás que gastarte tu asignación.
-Paula: ¿Asignación?
-Peter: Sí, es una palabra que usamos en Inglaterra para referirnos a sumas de dinero que se dan con regularidad. Recibirás una asignación trimestral que podrás gastar en lo que más te apetezca.
-Paula: ¿De qué suma estamos hablando? —inquirió ella, preguntándose qué podría comprar que no tuviese ya. Él le dijo una cifra y ella se quedó boquiabierta— No hablarás en serio, ¿verdad? —Era imposible que pretendiese darle tanto dinero.
Incluso en la penumbra, él advirtió que se ponía muy seria.
-Peter: ¿Qué ocurre? ¿Te parece insuficiente?
Ella lo miró, asombrada, parpadeando.
-Paula: ¿Insuficiente? Dios santo, Peter, ya me imaginaba que estabas lejos de ser pobre, pero no tenía la menor idea de que pudieras permitirte darme tanto dinero cada diez años, y menos aún cada trimestre —Extendió el brazo y le tocó la manga— Agradezco tu oferta, pero no hace falta. Ya tengo todo lo que necesito.

Esta vez fue Peter quien se quedó boquiabierto. ¿No sabía que pudiera permitírselo? ¿De verdad acababa de decir que no era necesario que le concediera una asignación? ¿Que ya tenía todo lo que necesitaba? Pensó en la legión de mujeres superficiales, avariciosas, intrigantes y maquinadoras que había en la alta sociedad e intentó imaginar a una sola de ellas pronunciando las palabras que acababa de oír de boca de Paula. Sacudió la cabeza. Dios santo. ¿Era su esposa una persona real?

Continuó mirándola, escrutando sus ojos, y llegó a una conclusión clara: sí. Esa mujer, su esposa, era absolutamente real. Era bondadosa, amable y desinteresada. Aunque él no lo había estado buscando, de hecho había encontrado un auténtico tesoro. «Y yo que creía que ella había reaccionado así porque la asignación le parecía escasa», se dijo. Hizo un gesto de contrariedad ante su propia estupidez.

La suave voz de Paula interrumpió sus cavilaciones.
-Paula: Te he disgustado. Lo siento.
-Peter: No estoy disgustado, Paula. Estoy... asombrado.
-Paula: ¿En serio? ¿Por qué?
Él le tomó la mano y se la llevó a los labios.
-Peter: Porque eres asombrosa —Mientras le besaba el centro de la palma, el carruaje se detuvo, señal de que habían llegado a su destino— Continuará —prometió él en un tono lleno de sobreentendidos que encendió las mejillas de Paula.

Se apearon y él la guió a través de la elaborada verja de hierro forjado. En cada ventana de la elegante casa de ladrillo brillaban velas, inundando el edificio de una luz cálida, acogedora y matizada. Cuando se acercaron, las enormes puertas dobles se abrieron de par en par para recibirlos.
—Bienvenido a casa, excelencia —dijo el mayordomo, y los acompañó hasta el vestíbulo revestido de mármol.
-Peter: Gracias, Jasper. Ésta es la señora de la casa, su excelencia la duquesa de Bradford.
El mayordomo hizo una profunda reverencia.
-Jasper: La servidumbre le expresa su más sincera enhorabuena por vuestro desposorio, excelencia —le dijo a Paula, con una expresión muy seria en el adusto semblante.
-Paula: Gracias, Jasper —respondió ella sonriendo.
Peter siguió su mirada hacia el grupo de criados que estaban colocados en fila detrás de Jasper, esperando para saludarlos. No cabía en sí de orgullo cuando ella dio un paso al frente y les sonrió. Jasper le presentó uno a uno a todos los componentes del servicio, y todos ellos quedaron encantados con esa nueva patrona que repetía sus nombres y dedicaba a cada uno de ellos una sonrisa amistosa. La esposa de Peter compensaba con creces su falta de refinamiento y sofisticación con su forma de ser afectuosa y espontánea.
-Peter: Es tarde, Jasper. Les sugiero a ti y al resto del servicio que se retiren —le indicó una vez que acabaron las presentaciones— Yo acompañaré a la duquesa a sus aposentos.
-Jasper: Por supuesto, excelencia.

Jasper se inclinó de nuevo y se marchó con los demás, dejando a Peter en el enorme vestíbulo, a solas con su esposa.
-Paula: Jasper me intimida un poco —susurró— ¿No sonríe nunca?
-Peter: Nunca, al menos que yo recuerde.
-Paula: ¿Dónde diablos encuentras a gente tan terriblemente seria?
Incapaz de resistirse a tocarla, Peter retorció uno de sus rizos color castaño entre sus dedos.
-Peter: La familia de Jasper ha estado al servicio del duque de Bradford desde hace tres generaciones. Nació serio.
La tomó del brazo y la condujo a la primera planta por la escalera curva. Ella volvía la cabeza de un lado a otro, inspeccionando su nuevo hogar.
-Paula: Cielos, esto es fabuloso. Como Bradford Hall. ¿Son así de magníficas todas tus residencias? ¿No posees algo más... pequeño?
Peter reflexionó unos instantes.
-Peter: Hay una casita modesta en Bath.
-Paula: ¿Cómo de modesta?
-Peter: De unas veinte habitaciones, más o menos.
-Paula: Una casa de veinte habitaciones difícilmente puede calificarse de modesta —rió ella.
-Peter: Me temo que es lo más sencillo que tengo. Si quieres, puedes comprar una choza o una casucha con tu asignación —Le dedicó un guiño travieso— Algo de sólo diez habitaciones —Hizo una pausa y abrió una puerta— Hemos llegado.

Ella cruzó el umbral y dio un grito ahogado. La alcoba estaba decorada con marfil y oro, desde los cortinajes de terciopelo color crema hasta la suntuosa alfombra persa bajo sus pies. Varias lámparas colocadas a baja altura bañaban la estancia entera en una luz suave, y un fuego acogedor ardía en la chimenea de mármol.
-Paula: Qué habitación tan hermosa —exclamó ella, encantada. Deslizó los dedos sobre el brocado de oro del sofá y los sillones a juego. Abriendo los brazos comenzó a girar sobre sí misma, haciendo ondear los pliegues de su falda— ¿Qué hay ahí? —preguntó, señalando una puerta que se veía al fondo.

-Peter: Un cuarto de baño contiguo a mis aposentos. Forma parte de las reformas que he realizado hace poco y resulta bastante innovador. Tu doncella está preparándote un baño ahora. Te esperaré en mi habitación.
Le acarició la mejilla y se marchó, cerrando la puerta tras sí. Paula abrió la puerta del baño y se encontró con una joven tímida.
—Buenas tardes, excelencia. Me llamo Katie. Soy vuestra doncella.
Gracias a Dios no había nadie más en la habitación, pues de lo contrario Paula habría torcido el cuello en una y otra dirección, buscando a «su excelencia», como había hecho en el vestíbulo cuando Jasper le había presentado sus respetos. Sin duda tardaría un tiempo en acostumbrarse al tratamiento.

Katie la ayudó a desvestirse y a meterse en la bañera, que, para sorpresa de Paula, no sólo estaba empotrada en el suelo, sino que era lo bastante grande para dos o incluso tres personas. Exhaló un suspiro de felicidad mientras se sumergía en el agua con aroma a lilas. Cuando emergió, quince minutos más tarde, la piel le cosquilleaba de placer.
-Katie: He preparado su bonito camisón, excelencia.
-Paula: Muchas gracias. Es un regalo de mi tía. Estoy deseando verlo.
-Katie: Es increíblemente bonito.

Paula decidió que «increíble» era, desde luego, una palabra apropiada. La prenda era bonita, sin duda, un modelo diáfano en un tono muy pálido de azul, pero se le pegaba a cada una de sus curvas de un modo que sólo podría describirse como indecente.
-Paula: ¡Cielos! ¿En qué diablos estaría pensando tía Julia? —exclamó, consternada por la extensión de piel que el escote dejaba al descubierto. La tela apenas le cubría los pezones. Por detrás, la prenda no era más recatada: tenía toda la espalda desnuda hasta las caderas— No puedo ponerme esto.
-Katie: Está impresionante, excelencia —le aseguró.
-Paula: Tal vez la bata lo arregle un poco —Pero no lo arreglaba en absoluto. La bata a juego sólo consistía en unas mangas largas y una espalda hecha de metros de una tela que colgaba hasta el suelo. Estaba ribeteada con un encaje color crema que únicamente servía para resaltar su piel desnuda.
-Paula: Nunca había visto una bata como ésta —intentando en vano juntar ambos lados para cubrirse— ¿Qué demonios voy a hacer? Y, lo que es más importante, ¿qué va a decir mi marido?
-Katie: Por alguna razón, creo que su excelencia estará encantado.

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Cuando Pedro la vea jajajaja. Las dejo con la intriga, esperen el capítulo 21 :) COMENTEN! Graciass!

6 comentarios:

  1. aaaaaaaay por el amor de dioos kljhgfhjkl amo la nove me pasas cuando subas plis @patty_lovepyp

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  2. maldita intrigaaaaaaa! quiero mas!!! no hay uno de yapa ahora? daleee mañana es feriadoo

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  3. tiene que haber uno de yapa ayer dio que subia dos y solo fue uno!! ahora falta ese :D

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  4. Dejarlo ahí sólo se puede calificar como crueldad. Jajaja, espero el 21.

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