-Peter: Duerme tú en la cama —dijo, rodeándola para dirigirse a la puerta— yo bajaré a tomar una copa. Ya encontraré algún otro sitio donde dormir.
Ella se estremeció y luego lo miró fijamente.
-Paula: No es necesario que me restriegues por las narices tus... planes nocturnos.
Él se detuvo, con una mano en el pomo de la puerta.
-Peter: ¿Cómo dices?
-Paula: Naturalmente, no espero que practiques la abstinencia durante el resto de nuestro matrimonio, pero agradecería algo de discreción por tu parte.
Una emoción que Peter no acertó a distinguir centelleaba en los ojos de ella. Peter se inclinó haciendo una reverencia exagerada.
-Peter: Entiendo. Tu generosidad al mostrarte dispuesta a compartirme me abruma y, si se presenta la ocasión, procuraré ser discreto. Sin embargo, mi plan nocturno para hoy consiste en dormir en ese sillón —Señaló con la cabeza una butaca que había en un rincón— Pero primero quiero un brandy.
O dos. Tampoco quería descartar la posibilidad de tomarse tres.
Salió de la habitación, cerró la puerta tras sí y respiró profundamente.
Sospechaba que probablemente le haría falta una botella entera.
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El buque atracó en Calais al atardecer, y Peter y Paula fueron los primeros en desembarcar. Él se dispuso a conseguir un medio de transporte que los llevase a Marck, y de inmediato descubrió lo valiosa que era Paula como compañera de viaje. Ella entabló una conversación en francés impecable con el dueño de los establos, y diez minutos después tenían a su disposición una elegante calesa tirada por dos caballos zainos. Sólo Dios sabía qué habrían obtenido si él hubiera tenido que encargarse de buscar un medio de transporte.
Agradecido e irritado a la vez, Peter se acomodó en el asiento de piel. Antes de que pudiese extender el brazo para ayudar a Paula, el dueño de las cuadras la aupó a su asiento. Peter notó el brillo de admiración en los ojos del hombre y lo fulminó con la mirada. Maldita sea, tenía que aprender a decir en francés «Deja de mirar a mi esposa, desgraciado». Impertérrito, el hombre se limitó a sonreír y se alejó tranquilamente.
Peter tomó las riendas, puso la calesa en movimiento y centró su pensamiento en la misión que tenía por delante. Tardarían aproximadamente una hora en llegar a Marck. Si todo iba bien, encontraría a Gaspard y al fin obtendría las respuestas a las preguntas que lo atormentaban, sobre las cartas de chantaje e incluso tal vez sobre el paradero de Federico.
El carruaje sufrió una sacudida a causa de un bache, y el hombro de Peter chocó con el de Paula. Al mirarla de reojo, se percató de que estaba pálida y tenía las manos crispadas. De ninguna de las maneras permitiría que lo acompañase cuando fuese al encuentro de Gaspard. El hombre era peligroso. Sospechaba que a Paula no le gustaría su decisión, pero... Ella lo agarró del brazo.
-Paula: Peter...
Al volverse, éste vio auténtico miedo en sus ojos.
-Peter: ¿Qué sucede?
-Paula: Debemos darnos prisa.
Una gran sensación de alarma le recorrió la espalda al oír su tono.
-Peter: ¿Por qué?
Ella se apretó las sienes con los dedos y sacudió la cabeza.
-Paula: No estoy segura. No lo tengo claro. Pero él está cerca. Y sé que debemos apresurarnos —Se puso blanca como la cera— Por favor. Es cuestión de vida o muerte.
Peter agitó las riendas y los caballos se lanzaron a galopar.
Paula se aferró a su asiento mientras la calesa avanzaba como un relámpago por el camino. Imágenes fugaces desfilaban por su mente, difusas, oscuras y amenazadoras.
-Peter: Cuando lleguemos al pueblo, te dejaré en un hostal —le dijo, con el rostro tenso de concentración mientras conducía a toda velocidad.
Ella abrió la boca, pero antes de que pudiera protestar él tiró de las riendas. Los caballos se detuvieron ante una bifurcación del camino. Los dos ramales estaban bordeados de árboles. Parecían idénticos.
-Peter: Maldición. ¿Hacia dónde debemos ir?
Paula miró alternativamente a uno y otro camino, pero no percibió nada.
-Paula: Ayúdame a bajar —dijo.
Él la contempló unos instantes y luego saltó al suelo para ayudarla. En cuanto los pies de la joven se posaron en tierra, ella echó a correr hacia la bifurcación. Tras respirar profundamente se arrodilló, cerró los ojos y puso las manos en el suelo.
Varias imágenes destellaron en su cabeza, y se esforzó por relajarse para intentar conseguir una visión nítida. Tardó varios minutos, pero cuando por fin lo consiguió las imágenes eran de una claridad meridiana y devastadora: se vio a sí misma sangrando, perdiendo el conocimiento. Muriéndose.
Dios santo, ¿qué debía hacer? Si le contaba a Peter lo que acababa de ver no la dejaría ir con él. Insistiría en llevarla al pueblo, lo que supondría un retraso que lo haría llegar demasiado tarde.
Sabía que alguien iba a morir.
Pero también sabía que si lo acompañaba probablemente no regresaría con vida.
Abrió los ojos, se puso de pie y se volvió hacia él.
-Paula: Tenemos que tomar el camino de la izquierda.
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Chan.
Hoy fui buena y les dejé tres capítulos eh?
Bueno les cuento que se acerca el final, aunque falta un poco más todavía jajajaja
Bueno nada... COMENTEN!
Gracias!
Muy buena novela!! Mucho suspenso!! No quiero que se muera ninguno!!!
ResponderEliminarque genia! Gracias por subir varios capitulos.
ResponderEliminarla nove esta buenisima.
No quiero que se termine,pero al mismo tiempo, necesito saber como sigue!!!!
jajajja
Nooooooo!!!! Terribleeeee el último capítulo dios!!! Me encanta esta novela!!! Necesito con urgencia el próximo cap!
ResponderEliminarq genia!!!!!!!!! gracias por subir 3 cap... me atrapa terriblemente esta nove
ResponderEliminarAy me muero de la intriga!!! Buenisima adaptación!! :)
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