Llevaba más de un año divorciado, así que lo mejor era no mirar atrás y seguir con su vida, como seguro que había hecho Paula.
Vio el edificio de Blake and Fetzer y entró en el diminuto aparcamiento con espacio para tres coches, apagó el motor y salió a la calle, hacía un cálido día de primavera. Con un poco de suerte la reunión y la visita a La Cabaña de Azúcar sólo le llevarían un par de horas y después podría volver a casa. A algunas personas les gustaba la vida de pueblo, pero Pedro era feliz en la gran ciudad.
Paula se detuvo delante de las oficinas de Brian Blake, se tomó un momento para alisarse la blusa y la falda, pasarse una mano por el pelo corto y retocarse el pintalabios. Hacía mucho tiempo que no se arreglaba tanto y había perdido la práctica.
Además, la ropa más bonita que tenía, comprada cuando estuvo casada con Pedro, le quedaba al menos una talla pequeña. Lo que significaba que la camisa se le pegaba demasiado al pecho y que la falda le quedaba unos centímetros más corta de lo que le hubiese gustado y le cortaba la respiración.
Por suerte, en Summerville no tenía que arreglarse tanto, ni siquiera para ir a misa los domingos, porque en esos momentos estaba luchando por mantener su negocio a flote y no podía permitirse el lujo de comprarse ropa nueva.
Decidió que no podía hacer nada más por mejorar su imagen, respiró hondo y empujó la puerta. La recepcionista la saludó con una amplia sonrisa y le informó de que Brian y el posible inversor estaban esperándola en su despacho, que entrase.
Paula volvió a respirar hondo antes de entrar y alzó una breve plegaria al cielo para que el rico empresario que Brian había encontrado quisiese invertir en La Cabaña de Azúcar.
Lo primero que vio fue a Brian sentado detrás de su escritorio, sonriendo mientras charlaba con el visitante, que daba la espalda a la puerta. El hombre era morocho y con el pelo corto, llevaba una chaqueta de traje gris oscura y estaba golpeando el brazo del sillón con los largos dedos de su mano, parecía impaciente por hacer negocios.
En cuanto Brian la vio, su sonrisa creció y se puso de pie.
–Paula –la saludó–, llegas justo a tiempo. Permite que te presente al hombre que espero quiera invertir en tu maravillosa panadería. Pedro Alfonso, ésta es Paula Chaves. Paula, éste es…
–Ya nos conocemos.
La voz de Pedro la golpeó como un mazo, aunque con sólo oír pronunciar el nombre de su exmarido ya se le había encogido el estómago. Al mismo tiempo, Pedro se había levantado y se había girado a mirarla, haciendo que se le acelerase el corazón.
–Hola, Paula –murmuró.
Y luego se metió las manos en los bolsillos delanteros de los pantalones, adoptando una postura negligente.
Parecía cómodo e incluso divertido, mientras que ella no podía sentirse peor.
¿Cómo podía haber ocurrido algo así? ¿Cómo era posible que Brian no se hubiese dado cuenta de que Pedro era su exmarido?
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Me siento mala, no es muy largo pero bueno, algo es algo jajajajaja.
COMENTEN! Mañana voy a intentar subir dos capítulos pero no prometo nada.
Gracias por todo!
Qué lindo cap!!!
ResponderEliminarMe encanta!! No lo podes dejar así!!
ResponderEliminarNoooo!!! No nos podes dejar con este suspenso!!!
ResponderEliminarme encanto subi mas
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