sábado, 15 de marzo de 2014

Capítulo 7

—Dios —susurró Hernán—. ¿Dónde te vas a quedar?
Pedro dio cuatro pasos lentos hacia adelante, bien apartado del límite externo del caos.

—Por aquí.
Mauro se aclaró la garganta, rompiendo el silencio posterior.

—Pedro, quiero inspeccionar todos los objetos dañados yo mismo, pero los policías actúan como si fueran los dueños de todo. No tienen la menor idea de lo delicados que…

—Mauro, no pasa nada —declaró, más por el bien de su agente que por el suyo propio. Furioso como estaba, la pérdida de sus cosas no era más que una historia menor. Quería saber quién las había destruido.

—Hernán, asegúrate de que te consulten todo.

—Pero…

—Así son las cosas, Mauro.
Cortés asintió, mientras sus dedos se apretaban sobre el portafolio que llevaba.

—Muy bien. Pero el agua de los aspersores y las mangueras de riego también han dañado algunos de los cuadros del segundo piso. Quizá podamos salvar…

—¿Qué pasó con la tablilla? —interrumpió Pedro. Admiraba la pasión de Cortés, pero había sido una noche muy larga.

—No está aquí —dijo Torres, coronando lo alto de la escalera a su espalda—. Imaginamos que eso era lo que la mujer buscaba. Y usted no debería estar aquí arriba, señor Alfonso. Ésta es una investigación por homicidio…

—¿Han Tomado fotos y huellas y todo eso que hacen?

—Por supuesto.

—Entonces, ¿de qué tipo de explosivo se trataba? —Haciendo caso omiso del siseo de Alberto, Pedro siguió adelante, acuclillándose cerca de un agujero ennegrecido por el fuego en la pared de la galería.
Torres dejó escapar un suspiro.

—Parece una especie de alambre que se activa al contacto, ensartado de un lado a otro del pasillo, armado como una granada con explosivos de carga hueca. Arrancas el cable y explosiona. Montaje rápido, pero profesional… y muy efectivo. Perfecto para cubrir tus huellas si te atrapan antes de que estalle.

—¿Y si ha salido sin ser vista? —preguntó Pedro.

—Bueno, sería una forma muy efectiva de complicar la investigación de un robo.

—Un riesgo muy alto —continuó Pedro con más calma—. Un par de años por robo en vez de una pena por asesinato en primer grado, ¿no?

—Sólo si la atrapan. Puede que hasta yo me arriesgara por esas cosas que tienes aquí dentro.

—Yo no lo haría. —Pedro se enderezó, sacudiéndose las cenizas de las manos—. Torres, lo voy a dejar trabajar, pero le ruego que me mantenga informado de la investigación. Tengo algunas llamadas que hacer.

Mientras Mauro merodeaba por los destrozos como si fuera una ansiosa mamá gallina, Hernán y Pedro se encerraron en el despacho del segundo piso. Los enormes ventanales daban al jardín y a la piscina de la parte delantera, una vista bastante tranquila por lo general, pero que ahora estaban llenos de hombres uniformados y de restos de escombros por todos lados. Con un gemido que le fue imposible reprimir, Pedro se sentó pesadamente en la silla tras su sobrio escritorio negro cromado. Era uno de los pocos muebles modernos de la casa, y sólo porque el siglo xvii no había tenido en cuenta las computadoras, los teléfonos o los aparatos electrónicos.

—¿Qué es lo que te molesta? —preguntó Hernán, sacando una botella de agua de la pequeña refrigeradora del closet y sentándose en una de las lujosas sillas de conferencia al fondo de la habitación—. Aparte de haber estado a punto de volar en pedazos.

—Te he dicho que anoche no podía dormir.

—Por las llamadas del fax.

—Exactamente. De modo que estuve investigando, esperando a una hora decente para llamar a la oficina de Nueva York. La galería habría sido mi siguiente parada, con o sin intruso.
Hernán guardó silencio durante un momento, asimilando aquello.

—Vas a despedir a Mayerson-Smith.

—Ese no es el tema. Ella le gritó a Martínez que se detuviera, luego me tumbó como si fuera un buldócer.

—Torres cree que trataba de salvar su propio pellejo.

—No.

—Entonces, ¿qué, Pedro? ¿En serio?

—Digamos que ella se filtra dentro, logra atravesar la seguridad y toma la tablilla, a pesar de que tengo miles de piezas de mayor valor, se detiene antes de salir durante cinco minutos para manipular un explosivo, la descubren y, entonces, intenta que nadie salga volando por los aires.

—Intenta no salir ella misma volando por los aires, querrás decir.
«Quizá.»

—Pero si no se hubiera detenido a instalar la bomba, habría salido antes sin que la vean.
Hernán cruzó las piernas a la altura de los tobillos.

—Está bien, primera posibilidad: El robo no era el objetivo. Como tú mismo dijiste, pasó por delante de un montón de cosas bonitas.

—Eso hace que el objetivo sea el asesinato. —Pedro todavía podía ver sus ojos, la expresión de su rostro mientras impactaba contra él—. Entonces, ¿por qué arrastrarme abajo, fuera del alcance de la bomba?
El abogado se encogió de hombros.

—¿Dudas? O puede que no fueras el objetivo.

—¿Y quién lo era? ¿Martínez? No creo. —Se inclinó hacia delante, tambaleando los dedos en el escritorio negro—. Segunda posibilidad: ella no puso la bomba.

—De acuerdo, entonces tenemos dos personas filtrándose en esta fortaleza al mismo tiempo, uno por la puerta de del jardín y el otro… de alguna otra forma. Uno quiere la tablilla, y el otro quiere hacer volar a alguien. Hacerte volar a ti por los aires.

—Salvo que se suponía que yo no debía estar aquí.
Hernán parpadeó.

—Eso es verdad. Se suponía que debías estar en Roma hasta esta noche.

—La bomba habría explotado durante la siguiente ronda y yo no habría estado ahí.

—A menos que alguien supiera que te regresaste antes.
Pedro frunció el ceño.

—Eso lo reduce a unas pocas personas en las que, en su mayoría, confío a ojo cerrado. E Iván Sánchez, que quería que me quedara incluso después de que le dijera que no iba a pagar más que lo que habíamos acordado por las acciones de su banco.

—La gente habla.

—No mi gente. —Poniéndose de pie, Pedro recorrió la habitación—. Quiero hablar con la señorita Romero.


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HOLA!!! Iba a subir el capítulo extra mañana pero se que tienen mucha intriga jajaja Espero que les guste, COMENTEN por favor, acá o en twitter. @Love_Pauliter. 
GRACIAS!

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