Hernán abrió y cerró la boca.
—Cuéntame qué pasó.
Pedro así lo hizo, comenzando por la ruidosa máquina de fax que algún idiota había programado para que llamara a su número privado cada dos minutos a partir de las dos de la madrugada, la llamada de seguridad de Martínez, que había escuchado por casualidad, en la que informaba a David de que había descubierto un intruso y el modo en que la señorita Romero había tratado de detener los pasos de Martínez para lanzarse a continuación sobre él justo cuando explotó la galería.
—«¿Romero?» —repitió Hernán.
—Supongo que mentía —dijo Pedro con una débil sonrisa.
—¿Tú crees? Sabía lo de la bomba.
Pedro negó con la cabeza.
—Vi la expresión de sus ojos cuando se abalanzó contra mí. Estaba aterrorizada.
—Yo también lo estaría si algún imbécil de seguridad hiciera estallar mis explosivos antes de haberme podido ir.
—Podría haberme dejado atrás antes de que explotara. No lo hizo. Me derribó. Y no fui yo quien me fui escaleras abajo, piense lo que piense la policía.
Por supuesto que ella se encontraba en su propiedad para robarle. Y su naturaleza cínica y recelosa admitía que podría haberse encontrado ahí para matarlo. Sin embargo, resultó que algo lo había cambiado todo. Y quería saber de qué se trataba, y por qué.
El detective que había conocido entró en la habitación.
—Torres —dijo, mostrando su placa cuando Hernán se dispuso a acercarse—. ¿Está seguro de que ella no chocó con usted por accidente, señor Alfonso?
—Estoy seguro —gruñó Pedro. No quería hablar con el detective en ese momento. La explosión se había convertido en algo muy personal. Quería ser él quien hiciera las preguntas, y quería las respuestas para sí. Esto era como trabajar para otro… y no era así como conducía sus asuntos, ni su vida.
El detective se aclaró la garganta.
—Tengo mis sospechas. Hemos dado orden de búsqueda y, como ya he mencionado, tiene que aparecer en algún centro para solicitar atención médica. Le sugiero que busque un lugar donde quedarse y yo colocaré vigilancia para usted las veinticuatro horas.
Pedro frunció el ceño.
—No quiero que me sigan a todas partes.
—Es el procedimiento.
—No. No dejaré que me echen de mi propia casa, y ya cuento con mi propio servicio de seguridad.
—Con el debido respeto, la seguridad de su casa no es de las que impresiona, señor Alfonso.
—En estos momentos, a mí tampoco. —Refunfuñó en voz alta, y se levantó con cuidado para ponerse un pantalón cómodo.
—¡Espera Pedro!. Voy a traer una silla de ruedas. —El abogado se dirigió hacia la puerta.
—Iré caminando —contestó Pedro, apretando la mandíbula mientras se erguía. Probablemente, debería de estar agradecido de que su sangre no estuviera derramándose por el suelo, pero si que le dolía. Y la señorita Romero había estado allí mismo con él—. Hernán, quiero a Mayerson-Smith al teléfono ya mismo. Y no a algún zángano, sino a alguien que pueda responder a unas cuantas preguntas.
—Estoy en eso. —Hernán regresó a la habitación con el celular pegado a la oreja y una silla de ruedas.
Tratando de no doblarse de dolor, Pedro se dirigió hacia Torres.
—Si encuentra a la señorita Romero, cuando la encuentre, quiero saberlo. Y quiero estar allí.
—Ese no es el procedimiento, señor Alfonso.
Dejando a un lado su postura, Pedro se sentó pesadamente en la silla de ruedas.
—Me importa un comino el procedimiento. Con mis impuestos se paga mucho de lo que ustedes hacen. Si va a hablar con ella, yo voy a estar ahí.
Hernán le lanzó una mirada, pero Pedro fingió no darse cuenta. El problema y, por tanto, las respuestas, le pertenecían a él.
—Veré qué puedo hacer.
-
—¿Que él, qué?
Paula se estremeció.
—Demonios, Fabricio, ten cuidado. Necesito ese brazo.
Fabricio, con sus dedos sorprendentemente delicados, miró con el ceño fruncido el brazo y unió el largo corte dentado.
—Tienes que ir a un hospital. —Con su mano libre, oprimió un tubo de pegamento extra fuerte a lo largo de la herida.
—Lo que necesito es un objeto afilado y contundente para poder pegarte en la cabeza —contestó, más para ocultar su grito ahogado de dolor que porque estuviera realmente molesta—. Dijiste que Alfonso estaría en Roma un día más.
—Eso también pensaban los periódicos. Algún negocio con Iván Sánchez. Échales la culpa a ellos por no tener la información correcta, o a él por mentirles. Y, bien podrías haber agarrado uno de los Picasso al salir. Ya se había disparado la alarma.
—Como si quisieras vender un Picasso sin un comprador. Y ya estaba lo bastante ocupada, gracias. —Había tenido las manos ocupadas con un Pedro Alfonso muy pesado y muy inconsciente. Había visto algunas fotos de él en las revistas durante su sonado divorcio dos años atrás y en uno de los actos benéficos nocturnos hacía tan sólo un par de meses, cuando donó una generosa cantidad de dinero para alguna causa en algún evento organizado por quienquiera que fuera. Rico, divorciado y reservado. E irritantemente impredecible.
Paula se estremeció.
—Demonios, Fabricio, ten cuidado. Necesito ese brazo.
Fabricio, con sus dedos sorprendentemente delicados, miró con el ceño fruncido el brazo y unió el largo corte dentado.
—Tienes que ir a un hospital. —Con su mano libre, oprimió un tubo de pegamento extra fuerte a lo largo de la herida.
—Lo que necesito es un objeto afilado y contundente para poder pegarte en la cabeza —contestó, más para ocultar su grito ahogado de dolor que porque estuviera realmente molesta—. Dijiste que Alfonso estaría en Roma un día más.
—Eso también pensaban los periódicos. Algún negocio con Iván Sánchez. Échales la culpa a ellos por no tener la información correcta, o a él por mentirles. Y, bien podrías haber agarrado uno de los Picasso al salir. Ya se había disparado la alarma.
—Como si quisieras vender un Picasso sin un comprador. Y ya estaba lo bastante ocupada, gracias. —Había tenido las manos ocupadas con un Pedro Alfonso muy pesado y muy inconsciente. Había visto algunas fotos de él en las revistas durante su sonado divorcio dos años atrás y en uno de los actos benéficos nocturnos hacía tan sólo un par de meses, cuando donó una generosa cantidad de dinero para alguna causa en algún evento organizado por quienquiera que fuera. Rico, divorciado y reservado. E irritantemente impredecible.
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HOLA!!! Como están? Me alegra que les guste esta novela :) Y el fin de semana capaz que les regalo un capítulo más. Ya sé, es demasiada la intriga jajaja.
COMENTEN y obvio ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER! :)
Espectacular el cap!!!!!!!! Quiero maratón please!!!!!!!!!!
ResponderEliminarQué intriga por favoooor!! Me encanta la novela!! @AmorPyPybb
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