viernes, 21 de marzo de 2014

Capítulo 13

Viernes, 8:27 a.m.
—¿Te entregó Mauro el informe de daños? —preguntó Pedro, acomodándose nuevamente contra el sillón de su limusina.
Hernán subió después de él.

—Claro, de los objetos de los que tiene confirmación. Todavía sigue luchando con el seguro por el valor de la mayoría del material dañado.
El vehículo descendió el largo y serpenteante camino de la entrada y traspasó las rejas abiertas, todavía custodiadas por policías uniformados.

—Ya han pasado tres días. ¿Cuánto tiempo más van a quedarse ahí?

—Supongo que hasta que atrapen a quien colocó la bomba. Me resulta un poco complicado presentar una queja a la policía porque te protegen demasiado bien. Lo que me hace acordar que Torres llamó esta mañana para quejarse de que abandonaste, y cito textualmente, «el área protegida de tu casa, lo que te hace vulnerable a un segundo atentado por parte de un sicario», fin de la cita.

—Ya estoy advertido, no lo demandes si me matan. —Pedro hizo un movimiento con los hombros—. Me voy a tus oficinas para trabajar unas horas. —Dio un vistazo a Hernán—. Por cierto, ¿vas a cobrarme por acompañarme a casa y volver conmigo? Te dije que prefería manejar yo.
Hernán sonrió.

—Estoy en horario, así que cobro por todo.

—En ese caso, olvidé contarte algo que pasó anoche. —Hernán se limitó a mirarlo, de modo que Pedro tomó aire. Podía guardárselo para sí; en realidad, prefería hacer eso. Por otro lado, si le pasaba algo, quería que resolvieran el crimen—. Tuve un visitante. Ella se pasó a verme cuando te fuiste.

—¿Ella, quién? Vas a tener que redondearlo un poco antes de que pueda adivinar, señor soltero codiciado.

—Te dije que no me volvieras a llamar así nunca más.
El abogado resopló.

—Lo siento. ¿Quién pasó por aquí?

—La señorita Romero.
Hernán abrió la boca, pero no salió sonido alguno.

—Tú… ella… ¿por qué demonios no dijiste algo, Pedro? ¡Maldita sea! —Agarró el celular que llevaba colgado de la correa—. Por esto… —dirigió un dedo en dirección a Pedro mientras marcaba los números con la otra mano—… por esto es por lo que necesitas seguridad privada.

—Cuelga.

—No. Tú y tu maldita tranquilidad. ¿Estuvo en tu casa? ¿Dónde? ¿Te amenazó…?

—No estoy tranquilo. Y no estoy contento. —Pedro le arrebató el teléfono de los dedos a su abogado y lo cerró—. Yo pago este teléfono, tu casa y lo suficiente para que Chris ingresara a la universidad —gruñó—, no hagas que me arrepienta.
La cara de Hernán se enrojeció.

—Tú…

—Confía un poco en mí, Hernán. Ella no es quien trató de matarme. Y contarle a Torres que vino a hacerme una visita no le hará ningún bien a nadie.

—No le hará ningún bien a ella, lo que sería el propósito en cualquier parte menos aquí. —Hernán arrojó la botella de agua que había enganchado contra el asiento contrario—.Suposiciones aparte, ¿cómo sabes que ella no lo hizo?

—Me lo dijo. —Provocar a su abogado le parecía justo, teniendo en cuenta lo molesto que estaba. Este era su problema, y decidiría cómo hacerse cargo de él.

—Dame el teléfono, Pedro. Despídeme si quieres, pero no vas a hacer que te maten estando yo a cargo.

—Qué dramático, pero no estás a cargo. Yo lo estoy. Siempre lo he estado. Ahora cálmate y escucha, o no me doy el trabajo de contarte nada.
Después de escupir unas cuantas palabrotas más, Hernán tomó nuevamente asiento y cruzó los brazos, aún con el color y el temperamento encendidos.

—Te escucho.

—Estuve inconsciente al menos cinco minutos después de que la bomba estallara. En lugar de dejarme allí o rematarme, me arrastró escaleras abajo, arriesgándose a ser descubierta, antes de escapar. Anoche, cuando se coló por la ventana, me lo recordó y después me contó el final de la conversación que tú y yo tuvimos en mi despacho, para demostrarme que también podría haberme matado entonces. Confesó haber ido detrás de la tablilla —sin éxito, por cierto— y de hecho… me pidió ayuda para asegurarse de que la policía sepa que ella no tuvo nada que ver con los explosivos.

—¿Y qué dijiste?

—Dije que no. —Y aquello, había descubierto en medio de su ducha fría, le había preocupado. No porque verla prácticamente le había provocado una erección, sino porque quería encargarse él mismo de esto, y ella había tratado de darle la oportunidad de hacerlo. Pero había sido bajo sus condiciones, de modo que la había rechazado—. Después de eso, me advirtió que tuviera cuidado y me deseó buena suerte, pues quienquiera que colocara la bomba era tan competente como ella a la hora de entrar en la casa, y había logrado entrar de nuevo.

—Y eso es todo.

—Bueno, dando rodeos se ofreció a ayudarme a averiguar quién colocó la bomba si la ayudaba a que retirasen los cargos de asesinato que pesan sobre ella. —También había dicho algunas cosas más, naturalmente, pero pretendía guardárselas para sí mismo. Se agachó a recoger la botella de agua mientras ésta rodaba de nuevo hacia ellos y se la devolvió a Hernán—. Viendo lo que paso, me pregunto si no debería haber aceptado su oferta.

Hernán seguía fulminándole con la mirada, pero cuanto más pensaba en ello, más lamentaba haberla dejado que se esfumara de nuevo en la noche. Bajo su fachada de indiferencia se le veía preocupada y, por alguna razón desconocida, descubrió que podía comprenderla. Y dudaba de que le hubiera ofrecido ayuda si no pudiera dársela. Ella no parecía funcionar de ese modo.

En cierto modo, el mundo de ella era muy similar al suyo, aunque sus oponentes llevaban traje de chaqueta y la mayor parte nadaban en aguas poco profundas a plena luz del día. Si sus circunstancias se invirtieran, habría hecho exactamente lo que ella… acudir a la persona con mayor poder para ver si podía influir en el curso de los acontecimientos. Si cualquiera de las actrices y modelos con las que salía se hubieran encontrado en esta clase de aprieto, habrían agitado las pestañas y apelado a su compasión, esperando que él solucionara las cosas. Sin embargo, la señorita Romero no lo había hecho. Le había propuesto un trato. Al parecer detestaba ceder el control tanto como él.

—¿De verdad estás pensándolo?


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HOLA!!! Cómo están? Acá el capítulo 13 ya. Si les gusta ¡Comenten! 
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